Llegué al yoga en 2016, casi sin buscarlo.

En ese momento trabajaba en oficina, estaba cerca de cumplir 30 y mi cuerpo me hablaba constantemente… aunque yo no sabía escucharlo. Dolor de espalda, cansancio crónico, poca resistencia. Todo se hizo especialmente evidente durante unas vacaciones: quería disfrutar, caminar, explorar, pero mi cuerpo no podía seguir el ritmo. Ese fue un punto de inflexión.

Decidí incorporar movimiento a mi vida, pero tenía claro que el gimnasio no era para mí. Mi primera maestra fue Yoga with Adrienne, quien me enseñó algo fundamental: parar y escuchar.

Durante varios años leí sobre yoga y su filosofía, hasta que comprendí algo esencial: el yoga no se aprende solo en los libros. Es una enseñanza viva, transmitida de manera oral y presencial, a través de la relación con maestros y comunidad.

Cuando me mudé a Valencia, busqué una escuela donde profundizar en mi práctica y encontré Yoga Sadhana. Allí he cursado 400 horas de formación con Carmela Valero y Carlos Fiel, acercándome de forma profunda y honesta a la filosofía del yoga, que hoy es el eje de mi práctica y de mi enseñanza.

Mi enfoque se basa en el viniyoga, una aproximación que entiende que no son los cuerpos los que deben adaptarse al asana, sino el asana al cuerpo. Trabajo desde la autoescucha, el respeto por los límites y la atención consciente, integrando asana, pranayama y meditación como un todo. La filosofía del yoga está siempre presente, no como un discurso, sino como pequeñas semillas que despiertan curiosidad y acompañan la práctica.

Estoy dando mis primeros pasos como profesora, con una intención clara: crear espacios seguros, inclusivos y compasivos donde cada persona pueda explorar su cuerpo, su respiración y su mundo interior a su propio ritmo. Creo en un yoga accesible, sensible y profundamente humano.

Un yoga para la vida.

sandra viniyoga