
Durante años me presenté al mundo con una etiqueta puesta en la frente: soy brava. Lo decía con una mezcla rara de orgullo y resignación, como si fuera un rasgo de carácter inamovible, casi un superpoder. «Es que yo soy así.» Spoiler: no era un superpoder. Era una trampa.
¿Qué es Aparigraha y por qué te importa?
Aparigraha es uno de los Yamas, los principios éticos del yoga que nos hablan de cómo relacionarnos con el mundo. Se traduce como no acaparamiento o no codicia, y aunque lo primero que viene a la mente son los objetos materiales —la ropa que no usas pero no puedes botar, los mensajes de texto que relees mil veces— va mucho más allá de eso.
Acaparamos memorias. Acaparamos relaciones aunque ya no nos nutran. Acaparamos versiones de nosotros mismos que ya caducaron.
Y eso, aunque no lo veamos, pesa un montón.
El problema con aferrarse
Aparigraha camina de la mano con el desapego, y aquí quiero pausar un segundo porque la palabra desapego tiene muy mala reputación. No significa volverse una persona fría, distante o indiferente. No significa dejar de amar o de comprometerte con las cosas.
Significa vivir plenamente con lo que tienes —personas, emociones, experiencias— y ser capaz de dejarlo ir cuando el momento pasa. Sin drama. Sin aferrarte.
Porque cuando nos apegamos, sufrimos. El apego convierte el amor en ansiedad, la memoria en nostalgia paralizante, y la identidad en una jaula.
¿Cómo amar sin apegarse? Honestamente, todavía estoy trabajando en eso. Sospecho que tiene que ver con estar presente en ese amor y aceptar que el mundo cambia, aunque no nos pida permiso.
Cuando acaparamos nuestra propia historia
Volvamos a mi etiqueta de brava.
En mi adultez temprana me autodefiní como una persona de temperamento corto, siempre molesta, siempre al borde de explotar. Y lo peor es que cuando alguien me pedía que me calmara, me molestaba más. La ironía de aferrarte a ser una persona con la que no es agradable pasar tiempo.
Esa actitud me generó problemas en todos los frentes, pero solo presté atención cuando llegaron las consecuencias en el trabajo. Fui grosera con compañeros en momentos de estrés, pedí disculpas múltiples veces, y en algún momento caí en ese famoso test de inteligencia emocional de Goleman.
Mi puntuación fue muy baja.
Me destrozó emocionalmente. Me di cuenta de que la imagen que tenía de mí misma distaba bastante de la realidad. Mi vocabulario emocional era tan pobre que todas mis emociones negativas —tristeza, frustración, hambre, miedo— se convertían automáticamente en ira. La emoción más básica. La que conocía de toda la vida.
Soltar una definición de ti misma es también Aparigraha
Con ayuda de mi terapeuta y de las personas cercanas empecé a trabajar en algo que nadie me había enseñado: identificar mis emociones, sentirlas, atravesarlas, y sobre todo entender que yo no soy brava. A veces estoy brava. Por razones concretas. Y muchas veces esa sensación es otra cosa completamente diferente.
Desapegarme de esa definición que cargaba desde niña fue uno de los movimientos más liberadores de mi vida. No solo mejoró mi trabajo. Mejoró mis amistades, mi relación con mi familia, mi capacidad de estar presente con otras personas sin que mi ego tomara el control.
Cuando acaparamos definiciones rígidas de quiénes somos, nos volvemos lentas, inflexibles, predecibles en el peor sentido. La vida avanza y nosotros nos quedamos paradas en un personaje que quizás nunca fue tan real como creíamos.
Lo único seguro es el cambio
El yoga me ha enseñado esto una y otra vez, en el tapete y fuera de él: lo único garantizado en esta vida es que todo cambia. Si somos capaces de soltar —objetos, personas, memorias, versiones de nosotras mismas— los cambios dejan de ser amenazas y se convierten en invitaciones.
Aparigraha no es vacío. Es espacio. Espacio para lo nuevo, para el crecimiento, para las personas y experiencias que todavía no han llegado.
Para cerrar: preguntas para ti
¿Qué estás cargando que ya no te pertenece? ¿Hay una versión de ti misma a la que sigues aferrada aunque ya no te represente? ¿Qué pasaría si en lugar de decir «soy así» empezaras a decir «ahora mismo me siento así»? ¿Qué espacio se abriría en tu vida si soltaras algo —una memoria, una relación, una creencia— que llevas tiempo acaparando?
No tienes que responderme a mí. Pero quizás vale la pena sentarte con esas preguntas un momento.

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